viernes, 27 de marzo de 2020


LOS SABIOS Y EL TORMENTO.







Un helaje profundo y sin salida
contagia mi mente y paraliza los sentidos
arrojándome a un mar sin puerto aparente.




La angustia de una claustrofobia impuesta por mi se desata,
Las aguas estancadas de mis pensamientos
ahogan sin piedad las ilusiones de apresar al ave dispersa.






Doy dos pasos sin pensarlo, siento el aire fresco mañanero correr sobre mi rostro,
mientras el sudor empapa mi cuerpo
mostrando luz a mi alma.
 Respiro ese regalo de la vida
y me agradezco por moverme.

Siento que he domado a mi caballo desbocado,
al menos por un instante, veo los sabios por doquier
y el carrasposo contacto de mis pies con sus tierras
desvela lo divino, lo eterno y esa maravillosa sensación de beatitud.






Me acerco a ti, y te abrazo mientras agradezco esa infinita generosidad,
sabio árbol,
ahora te escucho y sigo tus consejos
y mientras me arrullas
subo la mirada y veo tus venas,
que  mi  fortuito observar las interpreta
como la infinidad de caminos







                     mientras tu, inerte esperas sin ansiedad a que otra alma pida tu sabio consejo.











No hay comentarios:

Publicar un comentario