El reloj de la vida parece ir y venir,
Es una rueda de confusión irremediable
Y no parece detenerse, es un carrusel
estoy montado en el, mareado y sin poder lanzarme.
Toco el manantial de la poesía
Como si de fuego se tratase,
Miro hacia el pozo y me seduce,
Me tienta, me embriaga y me succiona.
No se donde estoy, la belleza me rodea,
Pero el negro manto de mis ojos,
Indica a mi corazón embriagado,
Que es una enorme cueva solitaria.
Una voz estallada, sollozante de comprensión,
Pretende ser la guía estelar de mi alma,
Aunque tosca y ronca termina,
Al descubrirse huérfana y vana,
Mientras yo, indiferente enciendo el humo.
Se escucha un rugido y se mueve el mundo,
La estructura cruje, la realidad esta inestable,
Caen las mascaras, el ave gloriosa extiende alas
Y mi alma se engancha con avidez,
Buscando sentido a su espinosa existencia.

