martes, 27 de septiembre de 2011

tangerine tree

Salgo de la cueva de mis pensamientos solo para verla. Recorro tiempos y espacios de tantas vidas e historias antes de llegar a su morada y tocar su puerta, esa puerta que yace inerte y silenciosa hasta que mi puño le roza. Ya ansío ver esas lunas brillando en las sombras, tan serenas lanzando fascinantes verdes que me calman.  Escucho su voz, es tan suave y amable, apenas un suspiro azul más que suficiente para tornar su espacio en una profunda emoción libre de pensamiento.  

La música prima en el espacio, canción tras canción ella coloca no sin antes  expresar para qué ocasión está hecha dicha melodía. Yo la miro, ella es una sinfonía, no necesita de instrumentos. Es una maestra del tiempo, una directora de orquesta. Crea orden donde solo hay caos, maneja los tiempos y sabe qué hacer en cada paso. Sus obras son mágicas llenas de sinceridad y carácter. Sus manos están llenas de paciencia, toma un hilo, mete por acá, saca por allá, creando diseños fascinantes nacidos de su pensamiento. Yo, por mi parte intento seguirla con torpeza, ella ríe y brilla el mundo.
Solo el momento importa, exhalo, y como el humo, mi angustia se esfuma, ella me mira, con esos ojos penetrantes y seductores que, tal y como pasa con la música me golpean pero sin dolor.  Ahora percibo su aroma, una leve brisa bogotana que susurra en mi ventana me lo trajo.  Como también me trajo el delicado recuerdo de su hombro levantándose como las olas del mar, y yo miro completamente atónito  tal despliegue de expresión y belleza, y me quedo esperando en la orilla de nuestro océano a que esa ola baje y choque sobre mi pecho liberándo las cadenas mentales de mis pensamientos, dándome así por un instante el suspiro de la libertad.

viernes, 23 de septiembre de 2011

ambiguos y antiguos ( no es una sensacion de hoy)

Las tinieblas abren una brecha,
Una suave y timida luz penetra y veo,
Solo veo un lugar enmarañado,
Pero veo, y consiento  mi sombra.

Tanteo el camino, avanzo hacia la mesa de los sueños,
Y contemplo un estrecho porvenir,
asi que ordeno.
Si, solo ordeno.

Rincones de mi memoria se asoman,
Temores del pasado  revelados,
Y algunos velados por una misma luz que me persigue.

La sombra me agobia, siempre alli,
Tan expectante y presente,
Misteriosa y sujeta a mi,
A veces mi escolta, y otras mi guía.

Permanezco en las tinieblas viajando,
Hasta que la trémula luz de un pasajero me extrae,
Y de nuevo la veo, siempre presente,
alli tirada a mis pies esperando.


Luz hermosa y dorada, sombra densa y apagada,
Que sería de mi sin ti? Estaría ciego.
Tanta luz quema mi alma, tanta sombra apaga mi espíritu.
Y yo solo ruego mantenerme amparado
Bajo aquel suspiro de luz, que devela y no vela,
Para así contemplar mi sombra, aceptarla y girarme,
Dar vuelta a ese eterno resplandor,
Blanqueando el cuarto obscuro de mi mente.