El sol sonríe con una
intensidad igual a días diferentes, pero me llega de una manera especial hoy.
Mi mente siempre llena de pensamientos da un respiro y hay espacio para el
espíritu, que ardiente florece y me hace empuñar el arma letal de la pluma.
Una mañana triste y aparentemente irresoluble tuvo que
soportar hoy mi humilde humanidad. Dos caminos: mirar al techo y lamentarse o
salir de aventura. “freedom is just an other Word for nothing else to loose”
Joplin.
Que frase… cruda, contundente,
optimista y llena de dolor. Y si, así es… cada tanto existe esa sensación, y se
presenta el momento adecuado para tener esa certeza de encarar el camino de la
libertad sin mirar atras… así sea por un día, un minuto una hora… No importa el tiempo, es la
sensación lo que se vive.
Nada que
perder…
Libertad, palabra que resuena en
mi, y me hago esclavo tratando de encontrar lo que significa.
Eventualmente diviso una respuesta del porque no somos libres. Es obvia,
seguramente todos conocemos esa respuesta, se hace lógica, normal y hasta
cliché. Siempre hay algo que perder, o por lo menos ese es el pensamiento que
me encadena. Pero lo que realmente da un pavor huracanado es el hecho de
enfrentar el dolor que genera la perdida previa a la libertad, y por supuesto
el hecho de perder la libertad cuando se esta viviendo en ella. Como en un día
libre de trabajo.
Así que, cada vez que
llega dicho día, comienza con todos los tormentos mentales y la increíble
capacidad de esta por recrear el dolor de la perdida, en este caso me anticipo
al dolor del ocaso de este día, tal y como pasa con los domingos en un trabajo
normal (mi libre es el jueves) y demás miedos por que se acabe esa euforia al
final de este. De esa forma comienza mi día… luego, miro afuera y me digo
“estoy fuera del tiempo en este momento, no tengo nada que perder. Y salgo.
Solo salgo a vivir, a contemplar el resplandor del sol en el inmenso océano, o
las densas nubes pasajeras que rocían las palmeras bailarinas, o quizá empuñar
unos granos de arenas y mientras los dejo caer miro a los humanos con sus
vidas, sus niños y amigos chismoseando entre si. Todo eso lo percibo
cariñosamente, por mas nostálgico que me parezca lo que veo, ya que anticipo un
final doloroso para alguno.

Así que, cada vez que llega “el día libre” comienza con
todas las dudas, tormentos y demás miedos por que se acabe esa euforia al final
de este, pero se van disipando a medida que la sensación de estar vivo y ser
completamente autónomo de mi propio destino me invade y estremece mis sentidos recordándome la dulce misión en mi vida, que
no es otra que el de la total libertad del ser.
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